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Diagnóstico no es sinónimo de resonancia: el concepto que necesitas entender antes de decidir un tratamiento

  • Foto del escritor: Dr Israel Gonzalez
    Dr Israel Gonzalez
  • 19 ene
  • 3 Min. de lectura

Si te duele la rodilla, el hombro o la espalda, es muy común que pienses: “Necesito una resonancia para saber qué tengo”. Y sí, la resonancia puede ser muy útil… pero aquí va la idea clave:

Una resonancia no es un diagnóstico.Es una herramienta. El diagnóstico real es entender qué está provocando tu dolor, por qué se activa con ciertos movimientos y qué tan estable está la articulación.

Y cuando esto se entiende, se evita uno de los errores más frecuentes: tratar “lo que sale en el estudio” en lugar de tratar “lo que realmente te está limitando”.


Entonces… ¿qué es un diagnóstico de verdad?

Un diagnóstico clínico no es un papel ni una imagen. Es una conclusión que se obtiene al juntar tres piezas:

  1. Tu historia: cuándo empezó, qué lo empeora, qué lo calma, si hubo trauma, si hay chasquidos, derrame o bloqueo.

  2. La exploración física: pruebas específicas, rangos de movimiento, estabilidad, fuerza, dolor localizado.

  3. Los estudios de imagen (si se necesitan): resonancia, radiografías o ultrasonido, para confirmar o complementar.

La resonancia entra como apoyo, no como la última palabra.


Un ejemplo simple: la llanta ponchada

Imagina que tu coche vibra al manejar.

Puedes tomarle una foto a la llanta. Esa foto podría mostrar “algo raro”, pero no te dice si el problema es:

  • falta de aire,

  • un clavo,

  • la alineación,

  • o el rin doblado.

Con el cuerpo pasa parecido: una imagen puede mostrar “algo”, pero la pregunta importante es:

¿Eso que aparece en el estudio realmente es lo que te está causando dolor?


“Me salió menisco roto”: por qué eso no siempre significa lo que crees

Esta es una de las frases más comunes en consulta:“Doctor, me dijeron que tengo el menisco roto… entonces necesito operarme”.

La realidad es más matizada:

  • Hay personas con lesión meniscal en la resonancia y sin dolor.

  • Hay personas con resonancias “no tan escandalosas” pero con bloqueo, inflamación recurrente y dolor fuerte.

¿Por qué? Porque la resonancia puede detectar cambios, pero no siempre te dice cuál de esos cambios es el responsable del síntoma.

Y además: algunas “lesiones” son hallazgos degenerativos, otras son agudas, y otras son parte del desgaste natural dependiendo de la edad y el tipo de actividad.


El punto clave: no se trata de ver “algo”, se trata de entender “qué causa tu dolor”


Antes de decidir cualquier tratamiento (y mucho más antes de pensar en cirugía), vale la pena responder estas tres preguntas:


1) ¿Qué estructura está provocando el dolor?

Menisco, cartílago, ligamento, rótula, tendón, bursa, etc.

2) ¿Qué lo dispara o lo empeora?

  • girar el pie y sentir pinchazo,

  • subir y bajar escaleras,

  • ponerse en cuclillas,

  • correr,

  • estar mucho tiempo sentado,

  • cargar peso.

Cada patrón orienta a una causa distinta.

3) ¿Qué tan estable y funcional está la articulación hoy?

  • fuerza,

  • control muscular,

  • rango de movimiento,

  • inflamación,

  • estabilidad ligamentaria,

  • capacidad real para hacer tu vida diaria o deporte.

Cuando estas tres cosas están claras, el tratamiento se vuelve lógico y personalizado.


El riesgo de tratar solo “lo que dice la resonancia”


Cuando alguien decide un plan sin clínica (sin explorar, sin correlación con síntomas), suelen pasar dos escenarios:

  • Tratar algo que no era el problema principal, y el dolor persiste.

  • Asustarse con hallazgos que no son urgentes, y tomar decisiones precipitadas.

No se trata de ignorar la imagen. Se trata de interpretarla correctamente dentro del contexto del paciente.


¿Cuándo sí ayuda mucho una resonancia?

Hay casos donde la resonancia es especialmente útil, por ejemplo:

  • sospecha de lesión ligamentaria importante,

  • menisco con datos clínicos de bloqueo,

  • dolor persistente que no mejora con manejo inicial,

  • planeación quirúrgica,

  • sospecha de lesión de cartílago o patología compleja.

Pero incluso en esos escenarios, la clave sigue siendo la misma:

la resonancia debe explicar tus síntomas, no solo describir hallazgos.


Reflexión final

Si ya tienes estudios y sigues con dolor, o si llevas meses “brincando” de recomendación en recomendación, quizá el paso que falta no es otro estudio… sino claridad.


Pregúntate esto:

¿Estoy tratando una imagen, o estoy entendiendo la causa real de mi problema?

Porque cuando entiendes el origen, las decisiones dejan de ser por miedo y se vuelven por estrategia: con más calma, menos frustración y mejores resultados.


 
 
 

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